¿A dónde vamos, pregunté?
Mi padre sólo desato la lancha
mi madre cargó la leña y carne salada
mis hermanos mayores callaban como muertos
era noche y no había luna...
A lo lejos aullaba un perro
y el viento hacia sonar las esquélticas hojas del otoño
En irnos apenas se inviertieron algunos minutos
juro que ni una lágrima pude subir al navío
pues las había dejado todas en tierra
tierra amada que debimos dejar
como ladrón que abandona lo robado.
No lo entendí:
hablaron de volcán y de cenizas
las abuelas se golpeaban el pecho
y alguien dijo que Dios estaba furioso.
Me aferré al aeroplano de madera que tallara mi padre
y soñé que nos ibamos a una primavera interminable.
Desperté en Puerto Montt cuando alguien gritó:
¡llegaron los chaiteninos!...



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